“Esos locos bajitos”. Análisis de una canción de Joan Manuel Serrat

“Esos locos bajitos”. Análisis de una canción de Joan Manuel Serrat

J. M. Serrat es un cantautor que destaca por su conocimiento sobre el alma humana. Sus obras nos hablan de nuestras emociones, pesares y dificultades con una riqueza asombrosa, digna de los grandes teóricos del psicoanálisis. En este artículo veremos cómo aborda el tema de la crianza de los hijos…

Introducción

En el presente trabajo aplicaré mis conocimientos aprendidos en la Modulo N°1 del Curso Online de Especialización en Psicoanálisis y lo articularé con la canción del cantautor Joan Manuel Serrat “Esos locos bajitos”. Desplegaré algunos conceptos de la Teoría Psicoanalítica desarrollada  por Sigmund Freud, a más de cien años de su fundación, demostrando una continua vigencia y eficacia a nivel clínico. Los conceptos que expondré para poder enlazarlos con la canción antes mencionada son los siguientes: Complejo de Edipo, superyó, ideal del yo, identificación, El Yo y El Ello, Introducción al Narcisismo y La Novela Familiar del Neurótico.

La constitución subjetiva

Freud desarrolla en “El Yo y El Ello” (1923), que el Yo es la parte de Ello modificada por la influencia del mundo externo. El  yo se esfuerza en transmitir a su Ello dicha influencia del mundo  exterior y aspira a sustituir el principio del placer, que reina sin restricciones en el Ello, por el  principio de realidad. Dicho esto, podríamos pensar que  los niños pequeños son amorales, no tienen un impulso interno que prohíba su deseo, por lo cual habrá un agente externo (progenitores o personas que cumplan esta función) que le pondrán coto a dichos impulsos.

Dicho párrafo lo podría relacionar con las siguientes estrofas de la canción que elegí de Joan Manuel Serrat “Esos Locos bajitos”, donde el cantautor habla de los límites que tienen que poner los padres a sus hijos ya que ellos no respetan ninguna pauta social y hacen todo lo que desean, sin cuestionar las consecuencias de sus actos.

Ésos que se menean con nuestros gestos

Echando mano a cuanto hay a su alrededor

Esos locos bajitos que se incorporan

Con los ojos abiertos de par en par

Sin respeto al horario ni a las costumbres y a los que

Por su bien (dicen) que hay que domesticar

Del Edipo al Superyó

Continuando con mi análisis, Freud  en “Tótem y Tabú” (1913) explicará la universalidad del Complejo de Edipo. Allí, Freud expone que  el niño lleva a cabo muy tempranamente una carga de objeto, que recae sobre la madre y tiene su punto de partida en el seno materno, mientras que del padre se apodera el niño por identificación, queriendo ser como él. Ambas relaciones (la identificatoria con el padre y la carga objetal hacia la madre) conviven durante algún tiempo, hasta que por la intensificación del deseo sexual orientado hacia la madre el niño sentirá que el padre es un obstáculo para la realización de tales deseos; así surge, relatado de manera muy sucinta, el Complejo de Edipo.

Con el sepultamiento de dicho Complejo, se introyectarán las figuras parentales, quedando sublimado el lazo de amor que antaño unía al ello con estos objetos. Freud llama a la instancia que resulta de este nuevo acto psíquico “Superyó”. El superyó conservará el carácter del padre,  y cuanto mayores fueron la intensidad del complejo de Edipo y la fuerza de su represión (bajo la influencia de la autoridad, la religión, la enseñanza y la lectura) más severamente reinará después sobre el yo como conciencia moral. Tendrá  entonces dos vertientes,  una vertiente tierna, protectora, que tendrá la función de prohibir, exhortar, proteger y posibilitará la entrada del sujeto a la cultura y una vertiente sádica, tirana, que está relacionada con la pulsión de muerte, operando Mas allá del principio de Placer, tal como refiere Freud sobre el final de su producción teórica.

El Superyó “hunde sus raíces” en el Ello

Como mencionamos anteriormente, con el sepultamiento del complejo de Edipo surge el Superyó. El superyó es el “heredero” del complejo de Edipo. Su génesis, por diferenciación con el yo, representará los rasgos más importantes del desarrollo individual y de la especie, creando una expresión duradera de la influencia de los padres eternizando la existencia de aquellos momentos a los que la misma debe su origen.

Todo lo que la biología y los destinos de la especie humana han creado y dejado en el  Ello es tomado por el yo en la formación de su ideal y vivido de nuevo en él individualmente. El ideal del yo presenta, a consecuencia de la historia de su formación, una amplia relación con las  adquisiciones filogénicas del individuo, es decir con su herencia arcaica.

Los padres transmitirán a través del lenguaje todo su bagaje cultural y son los responsables de la entrada del sujeto a la cultura, cómo podríamos observar en el siguiente fragmento esa transmisión tiene que ver con el idioma, creencias, rencores y herencia ancestrales.

Niño, deja ya de joder con la pelota, niño

Que eso no se dice, que eso no se hace

Que eso no se toca…

Cargan con nuestros dioses

Y nuestro idioma, con nuestros rencores

Y nuestro porvenir, por eso nos parece que son de goma

Y que les bastan nuestros cuentos para dormir

“Su majestad” el bebé

Prosiguiendo, Freud explica en el texto “Introducción al Narcisismo”(1914), respecto al narcisismo primario, que la actitud de los padres cariñosos con respecto a su hijo, se observa una reviviscencia y una reproducción del propio narcisismo, abandonado hace mucho tiempo. Se atribuyen al niño todas las perfecciones, negando u olvidando todos los defectos.

Existe también la tendencia a suspender para el niño todas las conquistas culturales, cuyo reconocimiento hemos tenido que imponer a nuestro narcisismo, y a renovar para él privilegios renunciados hace mucho tiempo. La vida ha de ser más fácil para el niño que para sus padres. El punto más espinoso del sistema narcisista, la inmortalidad del yo, tan duramente negada por la realidad, conquista su afirmación refugiándose en el niño.

Dichas estrofas las podría relacionar con el fragmento que extraje de Freud el cual explica como los padres reviven en sus hijos todos sus deseos de triunfo y anhelos, como también sus miedos y frustraciones.  Podría pensarse que es precisamente a causa de esto que surge en los padres el orgullo y la satisfacción de que los hijos se les  parezcan… porque en sus hijos se están viendo a ellos mismos.

A menudo los hijos se nos parecen

Y así nos dan la primera satisfacción

Nos empeñamos en dirigir sus vidas

Sin saber el oficio y sin vocación

Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones

Con la leche templada y en cada canción.

La “novela familiar” del neurótico

Por último, Freud en el texto “La Novela Familiar Del Neurótico” (1909) explica en el comienzo de la obra, que a medida que el individuo crece y se libera de la autoridad de los padres, incurre en la consecuencia necesaria y la más dolorosa que es el curso de su desarrollo. Hasta el progreso mismo de la sociedad reposa esencialmente sobre esta oposición de las generaciones sucesivas. A medida que progresa el desarrollo intelectual es inevitable que el niño descubra poco a poco las verdaderas características de sus padres.  Esto ocurre porque comenzarán a compararlos con otros padres, y  empezarán a dudar de las cualidades únicas e idealizadas de sus propios padres.  La psicología de la neurosis nos ha enseñado que a este resultado más otros factores coadyuvan los más intensos impulsos de rivalidad sexual, fundamentándose en el Complejo de Edipo.

Para culminar con el desarrollo de mi trabajo lo podría llegar a ejemplificar con las últimas estrofas de esta hermosa canción, en la cual, habla del momento en el cual los hijos se independizan de sus padres, los cuestionan, y dejan de ubicarlos en el lugar de héroes, separándose del deseo de sus padres para abrir paso a la búsqueda de su propio camino.

Nada ni nadie puede impedir que sufran

Que las agujas avancen en el reloj

Que decidan por ellos, que se equivoquen

Que crezcan y que un día nos digan adiós…

Conclusión

Comenzaré mi conclusión tomando un fragmento del psicoanalista Jacques Lacan, quien escribió en  “Los Complejos Familiares en la formación del individuo” (1938), que dentro de todos los grupos humanos, la familia desempeña un papel primordial en la transmisión de la cultura. La familia prevalece en la primera educación, la represión de los instintos, la adquisición de la lengua y rige los procesos fundamentales del desarrollo psíquico.

Esto me lleva a la reflexionar acerca de la importancia de la función materna, quien  libidinizará al pequeño humano, le dará los ropajes necesarios para establecer los bordes, delineando un cuerpo del cual gozará en el comienzo de su constitución. Es un tiempo de la construcción subjetiva donde la madre sostiene el cuerpo del niño en el narcisismo. Por su parte, la función paterna será responsable de introducir la ley, fundante del ingreso al lenguaje y a la cultura, de prohibición a la endogamia y el parricidio.

Con el sepultamiento del Complejo de Edipo se dará lugar a una introyeccion del  padre y una identificación con el mismo, lo que posibilitará la configuración de una nueva instancia psíquica, llamada Superyo.

Por otro lado se encuentran los padres, quienes con la llegada de sus hijos revivirán su narcisismo (que había sido dejado atrás hace tiempo) y le adjudicarán al hijo todas las perfecciones, negando y olvidando todos sus defectos.

También los padres tendrán que asumir su propia castración para no tomar a sus hijos como una prolongación de sí mismos,  tratando de tener control de todos sus actos, obstaculizando sus experiencias propias, no dándole lugar a ser sujetos de deseo, quedando coagulados como objeto de amor de sus padres.

Como explica Freud en el comienzo del texto de “La Novela familiar del Neurótico” y como escribió muy poéticamente Joan Manuel Serrat en la canción “Esos Locos Bajitos”, hay todo un transitar en el  largo camino de la constitución del sujeto.

Allí, hay un primer momento de total dependencia del niño hacia sus padres, a lo que sigue un segundo momento de progresivo desasimiento de los objetos parentales, hasta que un día “nos dicen adiós…”.

Autora: Silvana Gramajo, alumna de la Academia de Psicoanálisis Madrid SL

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