Psicoanálisis e historia

Psicoanálisis e historia

Existen en nuestro tiempo innumerables opiniones que cuestionan la validez del psicoanálisis. Después de todo, con tantos avances en la medicina, en la psicología y en la neurología… ¿tiene todavía sentido hablar de psicoanálisis? En este artículo te presentamos algunas ideas al respecto…

Introducción

La prisa es la marca de nuestro tiempo, así como la practicidad, la búsqueda de resultados objetivos y rápidos. Así, la neurología, con sus extensos estudios de imagen, sus resonancias, sus respuestas, está configurando nuevas formas de tratamiento, de intervención.

Un nuevo medicamento aquí, otro allá, una nueva “técnica” psicológica que reconstruye ciertas vías neuronales, rehace modelos y condicionamientos, deshace pensamientos disfuncionales y, listo, ¡estamos curados!

Pero la realidad no es exactamente así. Recuerdo a mi abuela, deprimida y llena de ansiedades, hace unos cuatro años me dijo que estaba tomando una medicina, una famosa droga psicotrópica. Le pregunté – “pero, y luego abuela, ¿está mejor?”. Ella, con su gran sencillez, respondió – “no mucho, porque antes quería llorar y lloraba, pero ahora tengo ganas, pero no puedo llorar y termino sintiéndome mal”.

El psicoanálisis es insustituible

Aquí no hay restricción ni crítica de la medicación, ni de otros tipos diversos de terapias, incluidas las alternativas: todas ellas pueden y deben ser utilizadas, con las debidas indicaciones, realizadas por profesionales competentes, que sepan lo que están haciendo, según sea necesario.

Sin embargo, afirmamos categóricamente que ninguno de estos recursos, por milagrosos que parezcan, invalida o incluso sustituye al psicoanálisis. Este último debe evolucionar siempre, por supuesto, pero tiene su papel justo y definitivo con la humanidad.

El mito moderno de la biología

Un “mito moderno” es, sin duda, la biología, especialmente en lo que respecta a sus especializaciones más complejas: la neurología y la genética. Entonces, todo vuelve, sin que nos demos cuenta, a ser reducido y explicado por conexiones cerebrales, hormonas, la disfunción de alguna glándula con sus efectos corticales, etc.

Esto, sin embargo, reedita la vieja imagen del ser humano como máquina, que es, en cierto modo, una de las formas más clásicas de negar nuestra subjetividad y, principalmente, nuestra “historicidad”. Siempre somos históricos, dijo Hélio Pellegrino. Por eso siempre respondo que, si por un lado estamos marcados por nuestra biología, también estamos, sin duda, marcados por nuestra biografía. Más que marcados: somos nuestra biografía.

La importancia de la historia

Todos tenemos una historia. Y nuestra historia pasa, en parte, por la biología, pero pasa también por la historia con sus aspectos geográficos, políticos y sociales… pasa por todas nuestras relaciones más íntimas y personales, pasa por significados que le atribuimos a cada parte de ella y a través de todas las elecciones que hicimos o dejamos de hacer.

Finalmente, tenemos, cada uno de nosotros,  una historia propia. Éste es, precisamente, el terreno del psicoanálisis. La historia que se tejió en el campo de los afectos, los símbolos, los sueños, los deseos, todo lo que nos constituye como sujetos, como personas. Siempre les digo a mis eventuales alumnos: mientras tengamos historia, habrá psicoanálisis.



¿Cuándo se termina esta historia?

El día que no tengamos más historia, se acaba el psicoanálisis, pero también se acaba la vida, pues que ella es siempre biografía, nunca biología pura, a menos que estemos hablando de vegetales. Y siempre digo, de forma provocadora: el psicoanálisis no tiene sentido, sino que busca el sentido que cada sujeto se dio a sí mismo y a su propia historia, ayudándoles a descubrirlo y, si es necesario, a rehacerlo.

Ningún medicamento puede hacer esto. Como dijo una vez Sartre, podemos curar una neurosis, pero nunca podremos curarnos a nosotros mismos. Es posible que algún día algún medicamento cure definitivamente la depresión, ansiedad y otros problemas humanos. Cuando llegue este día, sin embargo, cantaremos la canción de Arnaldo Antunes, “Ayúdame que no siento nada” y buscaremos al psicoanálisis, en fin, un hilo de humanidad que nos pueda llevar de regreso al centro de nosotros mismos, porque es desde allí, y solo desde allí, que es posible vincularnos con el otro, lo cual constituye, al final de cuentas, constituye el único sentido de nuestras vidas.

Autor: Flávio Gonzálezalumno de la Academia de Psicoanálisis Madrid SL.

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